4 jun 2009

CAPITULO I - Laura

Llego a los lugares en los que los púberes como yo se juntan a bailar, y no puedo decir que sean boliches o discotecas porque a esta edad sólo son fiestas en casas de familia o salones que se acondicionan para la ocasión. La cosa es que llego a este tipo de lugares y pasa siempre lo mismo, al cabo de un rato de escuchar la música fuerte me siento en alguna silla… al tiempo me recuesto y, lógica pura, me duermo.
Esta triste realidad es el primer reflejo de un post-niño que no entiendo su nuevo lugar en el mundo. Un lugar que impone casi dictatorialmente una constante, tener éxito con las mujeres.
Claro que para ello hay que saber cómo hacerlo. Cómo hablarles, cómo mirarlas, como llevarlas a ese punto en que queremos dominarlas, someterlas…
Nada de esas habilidades pude conocer. Ni las conozco ahora.
Todos con los que ando besan chicas, les tocan el culo y hasta algún pecho. Yo a esta altura toco otras cosas.
Es fines de 1990. Yo sigo sin entender cómo es que un maldito mexicano nos cobra un penal en contra a falta de 10 minutos y nos deja sin la miel de conseguir una nueva Copa del Mundo. Las lágrimas de Diego… Mi mente se reparte sus pocos razonamientos entre el fútbol, el despertar de mis gustos musicales y algunos otros descubrimientos… pero nada de mujeres.
En medio de este desierto emocional y de vacío de experiencias pseudo sexuales, comencé a ilusionarme con una chica. La única que conocía, con la única que podía hablar sin que me diera vergüenza, sin que la taquicardia me hiciese tartamudear.
Aquella primera noción de amor, o lo que yo creía que fuera, resultó un duro golpe a mi inexperto corazón. Siempre supe que ella iba a ser, tarde o temprano, la mujer que descubriera mis labios, mis caricias, mis primeras palabras cargadas de sentimiento. Y no sucedió.
En cierta manera hubo algo pero no se dio como las reglas de la naturaleza lo indicaban. Es decir, un chico y una chica de 15 años, que se sienten atraídos el uno por el otro… no estoy seguro de sí ella sentía esa atracción.
Con Laura nos conocemos desde muy chicos, demasiado diría. Típica historia. Mis padres y los suyos eran muy amigos y ambas familias resultaron bastante unidas por esa amistad. Por ello, verla casi a diario, resultaba común en algún momento de mi vida. Lo cierto es que esa amistad de familias resultó ser nuestro nexo y, desde nuestros primeros años de adolescentes ese vínculo fue testigo del despertar hormonal.
Como es lógico, por ser mujer, ella desarrolló su físico con anterioridad a mí. Así aparecieron sus curvas, sus gestos femeninos y, gracias a Dios, dos enormes y maravillosas tetas que alimentaban mis pupilas a diario. Enseguida Laura comenzó a demostrar interés en mí como persona del sexo opuesto e incluso me lo manifestó en algunas oportunidades. Pero yo, tremendo gandul, hice caso omiso y disfrutaba más jugando al fútbol y gritando goles imaginarios de mi San Lorenzo, en lugar de aprovechar la oportunidad de apoyar mi cara en sus redondeces.
El tiempo pasó y, al no encontrar respuesta en mi, Laura consiguió un novio que probará sus labios por primera vez. El tipo se la apretaba sin asco y fue allí, deslumbrado por tremenda demostración de afecto, que caí en la cuenta de lo idiota que había sido...
Con los meses ella cambió de pareja, se enamoró de un tipo llamado Enrique, y estuvo un largo rato de novia con él. Al tiempo yo descubría un consuelo mágico que aún hoy practico con frecuencia, la masturbación.
Cuestiones más, cuestiones menos, un buen día la encaré y le solté: “eehh.... Laura?....eehhh.....necesito decirte algo. Mirá....bueno....eehh...”, no hizo falta que siguiera. Ella sonrió y preguntó: “¿No te parece que ya se te pasó el cuarto de hora? Yo estoy de novia y estoy cómoda con él. Igual yo sé que algún día vamos a terminar juntos”. No terminó de decir eso que me animé y le puse un beso. Mi primer gran beso. Antes había rozado otros labios, incluso los de Laura, pero siempre en el marco de algún juego infantil-sexual como la Botella o el Semáforo o Verdad Consecuencia, ¿quién no los jugó alguna vez? Fue una experiencia única y que aún recuerdo. Sus labios eran muy suaves y no opusieron resistencia al choque con los míos. Mientras la besaba, pensaba qué carajo decir después, pero no fue necesario hablar. “Esto no está bien. Vos me vas a gustar siempre pero no está bien...”, dijo y se alejó.
A partir de ese día nuestra relación cambió por completo. Yo intentaba seducirla pero ella me esquivaba a diario. Con el tiempo esa magia se disipó y Laura es hoy sólo el recuerdo de mi primer beso y de un amor que no fue. Hace poco la vi en una fiesta, no me animé a saludarla, y la encontré demasiado desarreglada y un poco fuera de peso y como consuelo agradecí de no haber conseguido enamorarla...

22 may 2009

Depeche Mode - Wrong (Sounds of the Universe)





I was born with the wrong sign
In the wrong house
With the wrong ascendancy
I took the wrong road
That led to the wrong tendencies
I was in the wrong place at the wrong time
For the wrong reason and the wrong rhyme
On the wrong day of the wrong week
I used the wrong method with the wrong technique
Wrong
Wrong

There's something wrong with me
Chemically
Something wrong with me
Inherently
The wrong mix in the wrong genes
I reached the wrong ends by the wrong means
It was the wrong plan
In the wrong hands
With the wrong theory for the wrong man
The wrong lies, on the wrong vibes
The wrong questions with the wrong replies
Wrong
Wrong

I was marching to the wrong drum
With the wrong scum
Pissing out the wrong energy
Using all the wrong lines
And the wrong signs
With the wrong intensity
I was on the wrong page of the wrong book
With the wrong rendition of the wrong hook
Made the wrong move, every wrong night
With the wrong tune played till it sounded right yah
Wrong
Wrong

Too long
Wrong

I was born with the wrong sign
In the wrong house
With the wrong ascendancy
I took the wrong road
That led to the wrong tendencies
I was in the wrong place at the wrong time
For the wrong reason and the wrong rhyme
On the wrong day of the wrong week
I used the wrong method with the wrong technique

20 may 2009

Sobre Todas Las Mujeres Que Se Perdieron De Estar Conmigo

*Cada miércoles una nueva entraga de esta apasionante historia... Como para competir con Lost.

PROLOGO


Describir los diferentes rasgos de la personalidad de un hombre sería una tarea sencilla con tan sólo prestar atención a su comportamiento con las mujeres. Las debilidades, los miedos, los arrebatos, son solo algunas de las cualidades que una señorita puede despertar en un hombre. Y a lo largo de estas líneas podrán ver a un tipo timorato ante la novedad de sentirse atraído por una dama, a un perdedor al que se le arranca el único indicio de lo que cree amor, a un afortunado que logra conquistar una pieza de colección. Muchos hombres y, a la vez, todos uno mismo.
Esta vida, como la de absolutamente todos los hombres, está marcada por la necesidad de conquistar. En los tiempos que corren, y a falta de lejanas tierras por conocer, las mujeres se presentan como el objetivo más preciado del cual adueñarse. Cada paso, cada movimiento, cada gesto, todo es materia de seducción. El ser masculino vive para eso, para levantarse minas.
Esta historia es sobre la atracción por las mujeres del sexo opuesto. Si, suena redundante, pero es la verdad. Dentro del grupo de seres humanos identificados por poseer una vagina (desde el nacimiento), se prefieren las mujeres. Porque existen muchas variedades de chicas pero ninguna como La Mujer. Fina, recatada, femenina, audaz, entregada, delicada y salvaje a la vez, todas cualidades ideales que difícilmente puedan encontrarse juntas en un mismo espécimen.
También, al margen, podemos encontrar otro tipo de mujeres. Un grupo caracterizado por su escasa resistencia al roce, por su alta, y sencilla tendencia al amorío fugaz. En otras palabras, un grupo definidamente atractivo para todo aquél que desee descargar la energía depositada en sí durante meses. Mal llamadas locas, atorrantas, rápidas, etc.
No todo lo que brilla es oro. La contra cara de este grupo son las totalmente opuestas a la hora de entregarse al mandato del cuerpo. Reservadas, muy reservadas, y amigas de la castidad. Un grupo poco atractivo en la adolescencia del hombre pero que despierta interés en la primera etapa de la adultez (es claro que el deseo masculino es cíclico por lo que en la madurez del hombre, volvemos a preferir a la jovencita atrevida).
Como la mayoría de los sucesos que se narran en este libro se dan en la etapa que va desde la preadolescencia a la primera adultez, es necesario remarcar que este conjunto de mujeres castas del que venimos hablando, no es justamente el blanco para un hombre deseoso de explorar las mieles del amor de pareja. Sin embargo algunos pocos jóvenes tropiezan con este grupo antes de lo debido y sufren las consecuencias que no vienen al caso enumerar.

Desde hace mucho tiempo se me ocurrió, a decir verdad lo escuché por ahí, una analogía muy válida para entender el fenómeno femenino. Se dice que en nuestras vidas, y las mujeres que transitan por ella, se asemejan mucho a entrar a un gran hall que está repleto de puertas y que cada puerta representa a las personas del sexo opuesto que hayan pasado por nuestros días.
Podremos así ver puertas blindadas. Son aquellas que uno se empeña en cruzar, incluso a fuerza de su propio autoconvencimiento de que podrá cambiar el blindaje por un suave terciopelo. Pero finalmente se termina del lado de afuera ya que, evidentemente, era blindada y el golpe resultó muy duro.
También hay puertas hermosas, de finas terminaciones y perfectos detalles. En el momento de ir a cruzarla se cae en la cuenta de que en el interior no es otra cosa que un desorden digno de una piara de cerdos (con perdón de los chanchos). Estas fachadas o cortinas de humo son muy frecuentes en la actualidad y son aquellas de las que más cuesta entender su razón de ser.
Existen, y son las que abundan en las siguientes páginas, puertas débiles, de precarios detalles pero de fácil acceso. No oponen resistencia alguna a quien quiera pasar. Semejantes a las puertas de los salones del lejano oeste que se abrían de sólo empujarla o, lo que es aún peor, como las puertas automáticas, a las que ni siquiera hay que tocar para que se abran.
Nunca, y esta regla es universal para todos los hombres, puede faltar en el hall de cada uno, esa puerta maravillosa, mágica, casi perfecta. Donde hasta el marco es perfecto. Muchos no han podido ni cruzarlas por el miedo a caer derrotados en el mero intento de ingresar a través de ella. Otros la han atravesado, llenos de vigor, y se jactan hoy de los pobres solitarios que concurren a los bailes para intentar robarle un beso a alguna dama de paso y se lamentan por no haber tenido el suficiente coraje para enfrentar La Puerta. Todos tenemos Esa puerta en el hall de nuestras vidas.
Yo he tenido la suerte de cruzar esa puerta.
Pero el destino fue bueno conmigo porque también estuve entre los que penan su cobardía. También sufrí al verme al espejo y encontrar a tremendo idiota que no fue capaz de luchar por lo que más quería.
Hoy por suerte lo puedo gritar a los cuatro vientos. Hoy estoy del lado de adentro de la puerta más linda y cálida que podía abrir. Y ojala me quede a vivir allí...

A lo largo de estas líneas podremos enumerar los actos, las aventuras y, por lo general, las desventuras que la caza de una mujer puede representar en la vida de un hombre en su etapa de exploración. El criterio de selección de los casos expuestos responde a toda aquella señorita que haya incidido en la historia personal de este hombre. Este hombre que, bien podría ser yo o usted.
Algunas son efímeras pasajeras de una noche que dejaron su huella. Otras, sin embargo, han pasado varios días por la vida del protagonista sin pena ni gloria y por eso no son tenidas en cuenta aquí. Otras, son trofeos de guerra de un grueso calibre que solo muestro para generar envidia. Les deseo pues un buen viaje por la vida de un hombre que aún sigue aprendiendo sobre todas las mujeres que se perdieron estar en él.